Tal día como hoy, el 28 de abril de 1551, moría en Cartagena de Indias otro de nuestros #exploradoresolvidados. Se trata de Sebastián Moyano y Cabrera, más conocido como Sebastián de Belalcázar o Benalcázar por su lugar de nacimiento, dejando la incógnita de su origen, pues el primero es una población de Córdoba y el segundo fue una castellana. En vida nunca aclaró dicha incógnita y el hecho de que fuera analfabeto, no ayudó, pues eran sus secretarios los que firmaban por él y lo hacían de las dos formas. Sin embargo, en su primera carta firmó como Benalcázar, por lo que muy probablemente fuese el correcto.
Sebastián nació en torno al año 1490 y se quedó huérfano desde muy pequeño, lo que le obligó a trabajar desde niño. En 1507 se enroló hacía La Española, donde permaneció durante seis años, hasta que decidió emigrar a Panamá como soldado. Desembarcó en 1513 en Santa María la Antigua del Darién y pronto se hizo un incondicional del Gobernador Pedrarias, posicionándose de su lado en la posterior disputa con Vasco Núñez de Balboa.
Participó en las expediciones más importantes de la gobernación, como la fundación de Panamá en 1519. También participó en la expedición de Gaspar de Espinosa a la península de Azuero, haciéndose amigo del capitán y obteniendo una encomienda en dichas tierras, donde nacieron sus hijos Francisco y Sebastián.
Se cree que fue allí donde hizo amistad con Francisco Pizarro y Diego de Almagro, terminando como padrino del hijo de éste último, Diego Almagro "El Mozo", quien continuaría en el futuro la contienda entre Almagristas y Pizarristas.
En 1523 participó en la expedición de Francisco Hernández de Córdoba a Nicaragua. Estuvo en las fundaciones de las ciudades centroamericanas de León y Granada.
En diciembre de 1527 se traslada a León, en Nicaragua, donde Pedrarias, con 87 años, había sido nombrado gobernador. Allí desempeñó el cargo de regidor y también nacieron sus hijos Lázaro, Catalina, María y, posiblemente, Magdalena.
En 1531, a la muerte de Pedrarias, esperaba sucederle como gobernador interino, pero en su lugar fue nombrado Francisco de Castañeda, lo que le supuso una gran desilusión. Vendió todos sus bienes y tras comprar dos bergantines, se mudó a Perú con Francisco Pizarro, que le había pedido que fuera.
Se unió a la expedición de Pizarro que llegó a Cajamarca, donde tuvo lugar la famosa batalla en la que se hizo prisionero al emperador inca Atahualpa. Gracias a esta participación se convirtió en uno de los hombres más ricos y mejor posicionados de Perú.
En febrero 1534 inició con 200 hombres, la expedición hacia el norte, en dirección a Quito, a donde se había retirado el gran ejército inca. Tras numerosas batallas, en inferioridad numérica, pues los dos generales incas, Rumiñahui y Quizquiz, contaban con 30.000 indios y el general Zocozopagua que contaban con 10.000. Se enfrentaron a encerronas, caminos llenos de hoyos para que los caballos se rompieran las patas. Sin embargo, a pesar de todo, Benalcázar entraba en Quito el 24 de mayo de 1534 tras 3 meses de expedición, pero lo que se encontró fue la desolación. Rumiñahui, antes de huir, incendió la ciudad, mató a numerosas mujeres y se llevó el oro, 4.000 mujeres y once de los hijos de Atahualpa.
Esa misma noche, fueron atacados nuevamente. Una vez derrotados los indios, los caciques locales pidieron la paz.
Sebastián de Belalcázar, sin embargo, anhelaba el oro de Atahualpa que se había llevado el general y fue en su busca, y a sofocar los últimos grupos de resistencia, sin embargo, sólo encontró mujeres y niños. En un ataque de ira, cometió la más cruel de sus acciones. Mandó matar a todas las mujeres y niños.
Posteriormente tuvo la disputa con Diego de Alvarado que llegaba con intenciones de conquista y exploración y que le obligó a interrumpir la conquista de la provincia de Quito. Resuelta la disputa de forma amistosa, y nombrado teniente de gobernador, prosiguió su labor. El general Quizquiz fue asesinado por sus capitanes y Rumiñahui y Zocozopagua fueron capturados y ajusticiados, acabando así con la resistencia indígena.
Benalcázar recibió informes sobre la existencia de El Dorado y solicitó a través de su amigo Gaspar de Espinosa, autorización para salir en su búsqueda.
A principios de enero de 1536 partía desde Quito la hueste formada por trescientos soldados y numerosos indios cargueros y que Miquel Silvestre emuló según relata en su libro de Nómada en Sudamérica. En esta expedición, cuando corría el 25 de julio de 1536, y con más de 145 leguas de camino, mandó fundar Santiago de Cali y posteriormente más al sur, el 24 de diciembre, Popayán. Volvió a Quito a por refuerzos, llegando de vuelta en febrero de 1538. Prosiguió el durísimo viaje subiendo las laderas de la cordillera encontrando un paso entre los sistemas central y oriental. Descubrió el nacimiento del río Magdalena, cuyo curso siguieron río abajo. El 18 de diciembre de 1538 fundaba la población de Timaná.
Continuó el camino hacia el norte hacia los llanos de Neiva. Llegado a éste lugar, se llevó una tremenda desilusión al localizar huellas de caballos que había dejado la hueste de Gonzalo Jiménez Quesada, que iban buscando El Dorado. Poco después apareció otra hueste española, comandada por Nicolás Federmann, y que también iba tras el mito de El Dorado.
Los tres venían de sitios lejanos, y la disputa por el territorio se resolvió de forma amistosa. El descubrimiento llevó a los tres a la Península para exigir sus derechos. Benalcázar obtuvo el título de mariscal, capitán general y gobernador de Popayán, a donde regresó en 1542.
El 15 de julio de 1543 se trasladó a Cali. A finales de 1544, con la promulgación de las Leyes Nuevas, se produjo el levantamiento de Gonzalo Pizarro contra el virrey que venía a implantarlas. Sebastián se posicionó del lado de la Corona. La rebelión fue a mayores y desembocó en la batalla de Añaquito el 18 de enero de 1545, donde los realistas fueron derrotados por el rebelde Gonzalo Pizarro. El virrey Núñez Vela murió en la contienda y nuestro protagonista terminó herido a causa de un disparo de arcabuz. Por suerte fue reconocido por los rebeldes y lo trasladaron a una posada donde se recuperó tras perdonarle Gonzalo de Pizarro la vida.
Volvió a participar en la batalla entre realistas y pizarristas que tuvo lugar el 9 de abril de 1548 en el llano de Jaquijahuana. Benalcázar comandaba la caballería de 150 jinetes que se enfrentaría a la temida caballería pizarrista. Esta batalla terminó en victoria de los partidarios de la Corona dando por concluido el alzamiento de los sublevados con la posterior ejecución de Gonzalo Pizarro.
15 meses después, el 13 de julio de 1549, Sebastián de Benalcázar volvió a Popayán para afrontar el juicio de residencia que había sido pospuesto a causa del enfrentamiento entre la Corona y los sublevados. Terminó con condena a muerte por haber mandado matar a su subordinado Jorge Robledo que intentaba usurparle el cargo, por el trato hacia los indios además de otros cargos de menor envergadura, pero solicitó una apelación y se le concedió viajar a España para tal fin.
Salió hacia Cartagena de Indias, pasando por Buenaventura, Panamá y nombre de Dios, donde tomó un barco hacia su destino donde desembarcó ya muy enfermo a finales de abril de 1551. El 28 de abril hizo otro testamento que concluye: "No lo firmó porque no sabía escribir, y no lo señaló de una señal acostumbrada porque no pudo”.
Fue enterrado en el catedral en espera de que sus herederos decidieran un lugar de entierro definitivo en Popayán, sin embargo, parece ser que nadie reclamó sus restos.


