Tal día como hoy, el 2 de julio de 1554, moría en Sevilla uno de los #exploradoresolvidados que nos ha permitido conocer con bastante detalle la vida del s. XVI. Es uno de los que nos han dejado un legado de valor incalculable, pues de no ser por él, y otros cronistas como él, mucho se habría perdido con el paso del tiempo.
Se trata de Pedro Cieza de León.
Al terminar la primera parte de su "Crónica del Perú", en 1550, afirmaba tener 32 años, por lo que debió nacer en 1518, aunque otros afirman que fue en 1520 o incluso 1522. Lo que es seguro es que nació en Llerena (Badajoz), tercer hijo de Lope de León e Isabel de Cazalla, ambos de familia de judíos conversos. El 3 de junio de 1535, siendo adolescente, embarcó en Sevilla hacia Santo Domingo, y su afirmación de que lo hizo con 13 años, siembra las dudas sobre la fecha de nacimiento, pues según esta afirmación, su fecha de nacimiento debió ser en 1522.
En 1536 ya se le situaba en San Sebastián de Buenavista, una ciudad recién fundada en la actual Colombia, en la gobernación de Cartagena de Indias.
Participó en la campaña del Cenú y en 1538, participó en la expedición de Juan de Vadillo hacia el sur en las que se descubrían las minas de Dabaybe. Su existencia era conocida desde 1511, sin embargo nadie había logrado encontrarlas.
La expedición llegó a Cali a finales de 1539, entrando en tierras de la gobernación de Francisco Pizarro, por lo que tuvieron que volver a Cartagena. Cieza, sin embargo, permaneció y se unió a la expedición de Jorge Robledo que partió hacia el norte, fundando en agosto de 1540 la ciudad de Cartago y posteriormente, aún en la expedición de Robledo, en noviembre de 1541, la ciudad de Antioquía, cuya acta la firmó nuestro protagonista el 4 de diciembre de ese mismo año. Desde 1587, tras dos reubicaciones, la ciudad se llaman Santa Fe de Antioquía.
En febrero de 1542, cuando se trasladaba con Robledo a España para dar parte de los descubrimientos, fueron apresados por los hombres de Pedro de Heredia, considerando que habían estado explorando en su gobernación. El capitán Jorge Robledo fue enviado a España para ser juzgado y Cieza de León se trasladó entonces a Panamá para dar parte de lo sucedido con Robledo.
Estando en Panamá, se une a las expediciones de Belalcázar, sobre todo en la zona norte donde ya había estado con Robledo y había fundado la ciudad de Cartago, recibiendo además una encomienda por los servicios prestados.
En 1546, Robledo absuelto de sus cargos y de vuelta a las Américas como mariscal de Antioquía, se vuelve a unir a él. Pero Robledo se enfrenta a Belalcázar y es sentenciado a muerte.
Cieza retornó a las filas de Belalcázar y marcharon hacia el Perú para ayudar a Pedro de la Gasca en su contienda con Gonzalo Pizarro. De la Gasca lo convierte en cronista oficial, pidiéndole que escribiera todas las experiencias.
Cabe destacar, que hasta este momento, el protagonista se hacía llamar Pedro de León, cambiando a partir de ese momento por Pedro Cieza de León.
El año 1550 fue en el que terminó la primera parte de su obra y en la que se comprometió a casarse con la hija de Juan de Llerena, firmando en Cuzco la promesa de matrimonio y que llevaría a cabo al año siguiente en Sevilla.
La "Parte Primera de la Chronica del Perú" fue publicada en 1553 en Sevilla, ofreciendo una visión imparcial de aquello que aconteció en el Perú, que abarcaba en aquella época, parte de la actual Colombia. Escribió tres partes, si bien sólo la primera fue impresa en vida de su autor. Es curioso que esta obra fue publicada sin nombre de su autor y durante siglos se le atribuyó a Francisco López de Gomara. Por suerte, hay otros documentos que pudieron contrastar la autoría correcta. La segunda parte se llamaba "Los Incas" y la tercera "Descubrimiento y Conquista del Perú".
En mayo de 1554 murió y en julio, él la siguió con poco más de treinta años.
Se trataba de un simple soldado que empleaba el poco tiempo de descanso que tenía para tomar notas de lo que veía y entrevistar a protagonistas de sucesos de interés. Él afirmaba que el tiempo borra los recuerdos y difumina lo que acontece, por lo que escribir los hechos ayuda a que no se pierda lo sucedido.
Escribió también "Guerras Civiles del Perú", compuesta por: "Guerra de Salinas", "Guerra de Chupas", "Guerra de Quito", "Guerra de Guarina" y "Guerra Xaquixahuana", si bien estas dos últimas no han llegado a nuestros días. Su existencia se sabe por el testamento que dejó y que no fue encontrado hasta la primera mitad del siglo XX.
Su obra es considerada de gran interés por historiadores. Incluso lo llegaron a llamar "Príncipe de los cronistas".

