06/01/2022
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Los días 6, 7 y 8 de enero se celebraba la concentración invernal La Leyenda Continúa en Cantalejo. La organización me había invitado a dar una conferencia y decidí convocar a los socios del recién nacido motoclub de lectores de mis libros, el Silver Reader Motoclub, que se constituyó oficialmente en octubre. No han pasado ni cuatro meses y nos inscribimos 109 personas para pasar frío, lo cual era casi un 25% del total de los socios porque ya vamos por los 400.

Al final el Covid hizo que algunos no pudieran asistir al dar positivo pero el 8 de enero éramos 97 presentes, y eso hizo que ganáramos dos premios, el de motoclub con mayor número de inscritos y el de motoclub con mayor número de kilómetros para asistir, pues al ser de ámbito nacional, habíamos llegado de todas partes de España. No está nada mal para un motoclub formado en su mayoría por gente que nunca ha sido de clubs. Porque la característica que une a los socios y a mí mismo es la de ser rabiosamente individualistas. Somos lectores además de motoristas.

Pero lo importante no es que consiguiéramos dos galardones, ni que tuviéramos una zona exclusiva de acampada con el mejor bar, las mejores carpas y los únicos servicios de todo el área de pinares, infraestructura pagada íntegramente por el club sin que los socios tuvieran que satisfacer una cuota extra, sino el extraordinario ambiente de camaradería y buena convivencia, inusual en un grupo tan grande, que se repite encuentro tras encuentro y en el que los recién llegados se integran con la misma facilidad que los reincidentes. Eso es lo que nos hace diferentes como club. Eso y el enfoque cultural de nuestras rutas.

La mañana del día 8 los 100 motoristas del club se pusieron en ruta a las 09:00, a 8 grados bajo cero, para ir de Cantalejo a Cuéllar a rendir homenaje al héroe de la Armada Invencible Francisco de Cuéllar y que naufragó en Irlanda en 1588. A él le dediqué un libro y un documental titulado ‘La fuga del náufrago’. Y todos los socios del club lo conocen y respetan. El alcalde y los medios locales, advertidos de nuestra presencia, y sorprendidos de nuestro propósito, se acercaron a conocer a ese centenar de moteros tan interesados en la Historia.

Tras concluir nuestro homenaje, regresamos a Cantalejo, donde tenía que dar una conferencia, llena hasta la bandera, y luego a simplemente disfrutar de la buena compañía, las hogueras, la queimada, el vino, las cervezas, los pinchos a la brasa y los conciertos. Y del resto ya mejor no hablo, porque lo que pasa en Cantalejo se queda en Cantalejo.

  • El Silver Reader MotoClub gana dos premios en La Leyenda continúa en  su primera participación
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