31/01/1542
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Tal día como hoy, en concreto el 31 de enero de 1542, uno de nuestros #exploradoresolvidados descubría las cataratas del Iguazú. Hablamos de Álvar Núñez de Cabeza Vaca.

Su fecha de nacimiento no es conocida, sin embargo, gracias a un documento de 1509 sobre "constitución de curatela" (custodia) sobre nuestro protagonista, se sabe que en ese año tenía 14, por lo que nació en 1495. El lugar de nacimiento lo conocemos por los libros "Naufragios" y "Comentarios" escritos por él mismo, ubicando su origen en Jerez de la Frontera (Cádiz).

Álvar es descendiente de una familia noble, por parte de padre, hijo de Francisco de Vera, caballero de la Orden de Santiago, que a su vez era hijo de Pedro de Vera Mendoza, originario de Aragón que llegó a Jerez, siendo alcalde de Arcos y de Jimena al igual que conquistador de la Islas Canarias. Por parte de madre, de quien toma el apellido Cabeza de Vaca, es originario de su lugar de nacimiento. Respecto al origen del apellido, cuenta la leyenda que se le otorgó al pastor Martín Alhaja por haber señalado con cráneos de reses el pasadizo por donde entraron los cristianos para vencer a los árabes en la batalla de las Navas de Tolosa.

En 1505, huérfano y bajo la tutela de su tía Beatriz, entró al servicio de los duques de Medinasidonia, con quienes ella tenía una gran amistad. En los años de servicio mostró gran habilidad en todos los encargos que se le habían asignado.

El 17 de junio de 1527, partía desde Sanlúcar de Barrameda como tesorero y alguacil mayor en la expedición de Pánfilo de Narváez hacia el Nuevo Mundo, en concreto para la exploración de La Florida. Tras hacer escalas en Santo Domingo, Cuba e Isla Trinidad, tras atravesar una tormenta, llegaron a la bahía de Tampa, donde la expedición se dividió. Las naos siguieron la costa en dirección al oeste hasta encontrar un puerto natural donde reencontrarse, mientras el resto de la hueste compuesta por trescientos hombres, en la que iba Cabeza de Vaca y con Narváez a la cabeza, siguieron por tierra.

La exploración fue dura y penosa, atravesando pantanos y humedales, hasta que llegaron a una aldea indígena llamada Apalache (cerca de la actual Tallahassee), donde supuestamente encontrarían un lugar lleno de oro. Acosados y perseguidos por los indios, huyeron hasta llegar a la costa donde fabricaron una canoas para seguir por mar. Lograron cruzar la desembocadura del Mississippi, pero tras una tormenta, los botes volcaron. Los náufragos se dispersaron y fueron llegando a la costa en la actual Galvestone, en frente de una isla, a la que Álvar nombró Mal Hado (Mala Suerte). Pánfilo Narváez muere ahogado. Los navíos de la expedición estuvieron un año buscándolos sin éxito.

Desorientados y sin comida, unido al frío, fueron muriendo hasta que sólo quedaron quince. La hueste terminó presa de una tribu india, aunque Cabeza de Vaca logró escapar muy pronto para terminar de nuevo preso a manos de otra tribu india.

Allí se encontró con cuatro antiguos compañeros, Dorantes, Castillo, Maldonado y el negro Estebanico, de suma importancia en la futura expedición de Francisco Vázquez de Coronado en busca de las siete ciudades de Cíbola.

Permanecieron seis años como esclavos para finalmente ser considerados hijos del sol, pues al parecer consiguieron sorprendentes curaciones por medio de la oración y el uso de hierbas medicinales, e incluso, según afirmó el propio protagonista, resucitar a un muerto.

En 1534 lograron huir definitivamente y tras diez meses de viaje a pie en dirección a oeste, atravesando la actual Texas y cruzando el río Bravo hasta San Miguel de Culiacán continuando desde allí hasta Nueva España. 

En 1537, Álvar partió en dirección a España donde escribió su obra "Naufragios" relatando el increíble viaje por el sur de los actuales Estados Unidos. (ver foto con mapa del recorrido)

Pronto, la Corona, volvió a requerir de sus servicios, para continuar la exploración del Río de la Plata, de suma importancia para frenar el avance de los portugueses por el continente americano. De este modo, el 24 de abril de 1540 sele concedía el título de Adelantado. En noviembre de ese mismo año, zarpaba desde Cádiz con tres navíos, cuarenta y seis caballos y cuatrocientos hombres, entre los que destacaban los familiares Pedro Estopiñán y Alonso Riquelme de Guzmán.

En su travesía hacia Asunción, descubrió las cataratas de Iguaizú, que nos describe Miquel Silvestre en su libro "Nómada en Sudamérica" de la siguiente manera: "La catarata no era una sino muchas cascadas, todo en un horizonte de saltos de agua que hendían la floresta y se abrían paso entre las rocas y los árboles."

A su llegada a Asunción a principios de 1542, se encontró con un nuevo gobernador, Domingo Martínez de Irala, con quien mantendría una mala relación, pues las medidas y cambios implantados por Cabeza de Vaca, que no era más que hacer valer Las Leyes de Indias, no eran de su agrado ni tampoco de los encomenderos. Sobre todo por el retraso de la exploración de la sierra de la Plata, al considerar que era necesario tener primero una buena base desde donde iniciar las exploraciones. Irala, quien se había trasladado a Asunción por las riquezas existentes en dicha sierra, no lo veía con buenos ojos.

Aún así, durante ese tiempo, Álvar Núñez Cabeza de Vaca había culminado con éxito diversas exploraciones hacia el oeste del río Paraguay y norte y sur de Pilcomayo.

Sin embargo, muchos iban en busca de riquezas y el 25 de abril de 1544 se sublevaron, alentados por los oficiales y encomenderos partidarios de Irala. La conspiración terminó con Cabeza de Vaca encarcelado y todo su trabajo destruido. Tras dos intentos de envenenamiento, logró llegar a España a finales de 1545, donde terminó en la cárcel hasta 1546. Finalmente fue juzgado y condenado, y aunque recurrió, fue desterrado de las Indias.

Permaneció en Sevilla hasta su muerte, cuya fecha se establece entre 1558 y 1564.

Termino esta efeméride con un párrafo del libro de Miquel Silvestre:

"Pero había que recordar también que las Leyes de Indias son un auténtico precedente en la teoría general de los Derechos Humanos. Reconocían al indio como un igual, como un ser humano entero, pleno y libre. Por supuesto que se cometieron abusos, pero también hubo empleados del rey, españoles como usted y como yo, que intentaron aplicar esas normas con todas las consecuencias a pesar de que les costara la vida y la hacienda. Como Álvar Núñez Cabeza de Vaca. Esas cataratas deberían recordárnoslo siempre. Para mí no eran solo una postal; son un testimonio de la lucha por la libertad."

  • Álvar Núñez Cabeza de Vaca
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