02/12/1547
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El 2 de diciembre de 1547, fallecía Hernán Cortés, quien  ha pasado a la historia por la expedición que llevó a la conquista del Imperio mexica entre 1519 y 1521. Su figura es central en la historia de la colonización de América, pues su victoria sobre Tenochtitlan marcó el inicio del dominio español en Mesoamérica.

Cortés nació en Medellín, en el Reino de Castilla, en la actual Extremadura. Procedente de una familia de hidalgos, aunque muy humildes, estudió en la Universidad de Salamanca, aunque no concluyó sus estudios. En 1504 viajó junto a Alonso Quintero a La Española, desde donde participó en la conquista de Cuba junto a Diego Velázquez en 1511. Su éxito le permitió obtener tierras y encomiendas, pero sus ambiciones iban más allá.

En 1518, Velázquez, gobernador de Cuba, lo nombró líder de una expedición a la tierra entonces conocida como México. Sin embargo, ante la sospecha de que Cortés actuaría por cuenta propia, Velázquez intentó revocar su permiso. Cortés, desobedeciendo, zarpó en 1519 con once naves, unos 500 soldados, 16 caballos y varias piezas de artillería invirtiendo toda su hacienda.

Cortés llegó a la costa de México en febrero de 1519, desembarcando en Cozumel y posteriormente en Tabasco, donde obtuvo su primera victoria contra los mayas chontales en la Batalla de Centla. Como botín, recibió esclavos, entre ellos a Malintzin (o Malinche), quien se convertiría en su intérprete y asesora clave.

Fundó la Villa Rica de la Vera Cruz, lo que le permitió actuar directamente bajo el mandato del rey Carlos I, ignorando la autoridad del gobernador de Cuba, Diego Velázquez. Luego, para evitar cualquier intento de deserción, ordenó inutilizar sus barcos, asegurando la lealtad de sus hombres.

En su avance al altiplano central, se encontró con los tlaxcaltecas, enemigos de los mexicas. Tras una serie de combates, logró que se unieran a su causa, obteniendo así un ejército aliado.

En su corta estancia en el país totonaca, Cortés logró que el cacique de Cempoala se desprendiera del dominio de los mexicas y le ayudase con doscientos tamames (porteadores) y cincuenta indios de guerra. El 8 de agosto de 1519 partió hacia la capital azteca con una hueste formada por algo más de 420 españoles además de los indios, pues desde la salida se perdieron entre 35 y 40 hombres. Hernán dejó en Vera Cruz a una guarnición de 60 hombres (más los marineros) bajo el mando de Juan de Escalante.

En este ejército le acompañaron muchos hombres que alcanzaron la celebridad, y entre ellos muchos extremeños: los hermanos Alvarado, Gonzalo de Sandoval, Diego de Ordaz, Andrés de Tapia, Alonso de Ávila y el extraordinario cronista, Bernal Díaz del Castillo. Este ejército estaba dividido en cinco compañías, cada una con su jefe, con un maestro de la artillería y un maestro de campo.

El 8 de noviembre de 1519, Cortés y su ejército entraron en Tenochtitlan, la capital mexica, donde fueron recibidos por Moctezuma II. Los españoles fueron alojados en el Palacio de Axayácatl, pero Cortés pronto tomó a Moctezuma como rehén, obligándolo a gobernar bajo su control.

Poco a poco, a pesar de encuentros casi diarios, la tensión crece en la capital entre los españoles y los mexicas. Corren rumores de un próximo levantamiento bajo el mando de Cacamatzin, sobrino de Moctezuma. A principios de mayo de 1520 la situación toma mal cariz.

Mientras tanto, Velázquez envió a Pánfilo de Narváez para arrestar a Cortés. Este abandonó la capital y derrotó a Narváez en Cempoala, logrando que sus soldados se unieran a su causa. 

Sin embargo, en su ausencia, la situación en Tenochtitlán se volvió insoportable, desembocando que el lugarteniente Pedro de Alvarado ordenara la Matanza del Templo Mayor, lo que desató la revuelta mexica.

A su regreso, el 24 de junio, Cortés intentó calmar la situación usando a Moctezuma como mediador, pero éste fue asesinado (según fuentes españolas, por su propio pueblo; según indígenas, por los españoles), obligando a los españoles a huir en la Noche Triste (30 de junio de 1520), sufriendo grandes pérdidas (entre 400 y 600 españoles y 4.000 indios) mientras cruzaban los canales de la ciudad.

Entre julio de 1520 y abril de 1521, Cortés reorganizó sus fuerzas con la ayuda de sus aliados indígenas, juntando un ejército de 650 infantes, 84 jinetes, 194 ballesteros y arcabuceros, unos 20 cañones y a 25.000 aliados indios, entre ellos 16.000 tlaxcaltecas.

El 30 de mayo inició la reconquista de la capital mexica. La batalla se alargó hasta el 13 de agosto y gracias al corte del suministro de agua, lograron una victoria capturando a Cuauhtémoc.

Ayudó a la conquista una epidemia de viruela, pues los españoles eran inmunes, pero que debilitó ostensiblemente las fuerzas de los mexicas.

Pronto, los pueblos vecinos, bajo el yugo de los mexicas, se unieron al vencedor. 

Tras la conquista, Cortés fue nombrado Capitán General de la Nueva España, pero su poder fue recortado con la llegada de funcionarios reales. 

En 1524 promulgó sus ordenanzas de buen gobierno y multiplicó las fundaciones (hospital de Jesús). Recordando la despoblación de las islas, estimuló el mestizaje entre españoles e indias, dando el ejemplo y aprovechando el mismo anhelo de los indios en este plan. Cortés no olvidó enviar al Emperador importantes cantidades de oro. Y solicitó la venida de misioneros franciscanos: los doce primeros, entre ellos Toribio de Benavente (Motolinia), llegaron el 13 de mayo de 1524. Los franciscanos apoyaron siempre la causa de Cortés.

En octubre de 1524, partió con unos 1.400 soldados y 3.000 indios aliados en la conquista de Honduras, donde previamente habían ido Pedro de Alvarado, quien recibió derechos reales y Cristóbal de Olid, enviado por Diego de Velázquez.

La expedición fue un desastre. Afrontaron condiciones extremas, padeciendo hambre, enfermedades y ataques indígenas constantes. Esto originó rebeliones internas, debiendo sofocarlas incluso con ejecuciones, el caso más sonado el de Cuauhtémoc.

Tras cinco meses perdidos en la selva, en mayo de 2025, llegaron a Trujillo (Honduras) donde se encontró una situación fuera de control. Cristobal de Olid había sido asesinado por sus propios hombres. Al no encontrar apoyos, decidió volver a México, aunque por mar.

Su larga ausencia y la falsa noticia de su muerte, la aprovecharon rivales políticos hacerse con el control de México y desplazar a los colaboradores de Cortés.

Por suerte, sólo la noticia de la vuelta de Cortés, su extraordinaria popularidad, incluso entre gran parte de los indios, permitieron al conquistador restablecer su autoridad con la ayuda de los franciscanos.

A pesar del fracaso de la expedición, se logró un amplio conocimiento sobre América Central.

En 1528 viajó a España para defender su posición ante Carlos I, quien lo recibió con honores, pero le negó el gobierno de México, otorgándole el título de Marqués del Valle de Oaxaca.

A su regreso a Nueva España en 1530, se encontró con un poder más centralizado en manos de la Real Audiencia. 

Entre 1533 y 1540 promovió cuatro expediciones para explorar y descubrir California, participando personalmente en el tercer viaje en 1535. Ha pasado a la historia dando nombre al golfo de California, al que también se le conoce como el Mar de Cortés.

En 1541 participó en la fracasada expedición a Argel y, decepcionado, regresó a España, retirándose a Sevilla y en 1547 a Castilleja de la Cuesta, donde murió el 2 de diciembre.

Fue enterrado en la iglesia de San Isidoro del Campo y posteriormente sus restos fueron trasladados varias veces, hasta que en el siglo XIX fueron llevados a la Iglesia de Jesús Nazareno en la Ciudad de México, donde permanecen hasta hoy.

Muchos documentos sobre Cortés se conservan en el Archivo General de Indias en Sevilla. Sus propias Cartas de Relación, dirigidas a Carlos I, detallan la conquista y justifican sus acciones. También hay registros administrativos, como las cédulas reales que limitaban su autoridad y litigios sobre sus bienes tras su muerte.

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