Tal día como hoy, e 8 de septiembre de 1553, moría el conquistador de Yucatán, tarea que realizó junto a su hijo del mismo nombre.
Se trata de Francisco Montejo, nacido en Salamanca en 1479, uno de los cuatro hijos de Juan de Montejo y Catalina Álvarez de Tejeda, una familia de hidalgos pobres y sin privilegios. Especial importancia tiene su hermana María, madre de Francisco de Montejo "el sobrino", quien le acompañaría junto a su hijo, en la conquista de Yucatán. En 1507 o 1508, de su relación fuera del matrimonio con Ana de León, nació su hijo con su mismo nombre y apodado "el Mozo", quien culminaría la gran gesta.
En 1514 zarpó en la gran armada de Pedrarias Dávila, recién nombrado gobernador de Castilla del Oro, hacia Santa María del Darién, donde como capitán, llevó a cabo misiones de exploración a la zona del Zenú, lo que más tarde sería Nueva Granada. Descontento con Pedrarias, ya en 1515, se dirigió hacia La Española colaborando en la fundación de La Habana y estando a las órdenes de Diego Velázquez de Cuéllar, quien en reconocimiento de su labor le concedió encomiendas y extensos terrenos cerca de La Habana. Su habilidad como hombre de negocios le permitió unirse en 1518 a la expedición con Juan de Grijalva a la península del Yucatán, descubierta un año antes por Francisco Hernández de Córdoba. Nuestro explorador fue el primer español en pisar tierras mexicanas, con numerosos contactos amistosos resultando un éxito tanto descubridor como económico, gracias a los numerosos obsequios recibidos. Montejo consideraba que sería conveniente poblar estos nuevos lugares.
En febrero del año siguiente se uniría a Hernán Cortés, repitiendo la misma ruta anterior. El 22 de abril de 1519 fue nombrado alcalde de la recién fundada Villa Rica de la Vera Cruz, hoy Puerto de Veracruz, y que sería el punto de partida de las exploraciones por tierras mexicanas.
El 26 de julio, Cortés lo enviaría a España como representante suyo con informes y oro y joyas, como los regalos recibidos de parte de Moctezuma. Cortés pretendía que se le reconociera como autoridad suprema de las nuevas tierras desvinculándole del gobernador de Cuba.
En 1523 volvió a México, en esta ocasión acompañado de su hijo adolescente y con el deseo de liderar la exploración de la península del Yucatán. Sin embargo, tras la caída del imperio azteca, Cortés lo envió de nuevo a España para defender sus intereses.
En este retorno se casó con doña Beatriz Álvarez de Herrera, una rica viuda sevillana, hermana del fundador de las monjas del Jesús y retirándose en su Salamanca natal.
Gracias a su perseverancia, el 8 de diciembre de 1526, Carlos I lo nombró adelantado, gobernador y capitán general de las tierras que fuera a conquistar en el Yucatán, que entonces se pensaba que era una isla. Tras vender todos sus bienes en Salamanca, partió a finales de junio de 1527 desde Sanlúcar de Barrameda. Arribó en septiembre a la isla de Cozumel dando inicio a la conquista del Yucatán que completaría veinte años después.
La primera parte de la conquista se centró en la costa oriental donde fundó la ciudad de Salamanca, culminando esta fase en 1529. Continuó la exploración en una segunda etapa en dirección a Santa María de la Victoria, en la provincia de Tabasco. Se encontró con los españoles atrincherados en en la ciudad. Tras nombrarlo Alcalde Mayor, estuvo hasta 1530 pacificando aquellas tierras. Lo relevan del cargo y continúa las exploraciones. Continuó hasta quedar sin hombres, pues o habían muerto o se habían quedado poblando las ciudades españolas. Envió a su hijo a Nueva España a por más hombres para continuar sus exploraciones.
En 1535, tras un nuevo alzamiento indígena, se retiraron de la provincia hasta que en 1546 volvieron para su conquista final.
Este mismo año fue nombrado gobernador de Honduras e Higueras al anexar el rey estas tierras a las de Yucatán, si bien en 1539 cambió estas tierras por las de Chiapas, retornando a su gobernación en 1542 tras la muerte de Pedro de Alvarado.
Debido a sus obligaciones administrativas, la tercera fase de la conquista de la península, recayó mayoritariamente en su hijo y en su sobrino, si bien siempre fue bajo su autoridad.
A partir de 1546 ejerció de adelantado, gobernador y capitán general de Yucatán, siendo "El Mozo" quien frenaría la gran rebelión de los mayas, logrando la paz en 1547.
Su éxito levantó muchas envidias, en especial por parte de los franciscanos que le acusaron de administración desleal y de maltrato a los indígenas. Por ello, en 1549, se le expropiaron todos sus bienes, además de perder la gobernación que se le había concedido de forma vitalicia para él y sus descendientes. Viajó a España para defenderse ante el Consejo de Indias de las acusaciones vertidas contra él. Sin embargo, el 8 de septiembre de 1553 murió en Sevilla antes de emitir un veredicto final.
Sin embargo, el adelantamiento de Yucatán, aunque sin jurisdicción gubernamental, pasó por medio de su hija, a su yerno, Alonso Maldonado, pues Francisco de Montejo "el Mozo", quien sí lo merecía, nunca fue considerado hijo legítimo por ser fruto de una relación fuera del matrimonio.
Francisco de Montejo "el Viejo" murió sin recibir el reconocimiento que merecía. Murió pobre, desposeído de todos sus bienes por unas acusaciones fruto de la envidia.

