Por no tener fecha exacta, me tomo la libertad de elegir el 18 de mayo del año 1543, que fue un martes, fecha aproximada en la que uno de los #exploradoresolvidados partió desde Cuzco a explorar el Tucumán.
Hablamos del capitán Diego de Rojas, nacido a principios del s. XVI en Burgos.
Siendo muy joven, se trasladó a Santo Domingo, donde se le sitúa en torno a 1516. En 1522, se traslada a Nueva España, participando en la conquista del Pánuco a las órdenes de Hernán Cortés. En 1526 viaja a Nicaragua y Guatemala con Pedro de Alvarado.
Participó en 1528 y 1529 en la conquista de lo que hoy es El Salvador.
En 1536 se traslada a Perú como contingente de apoyo a las tropas de Francisco Pizarro en su enfrentamiento contra el ejército inca de Tito Yupanqui.
También tomó parte en la expedición de Gonzalo Pizarro en la región de Charcas, donde Gonzalo Pizarro lo nombraría teniente gobernador de dicha provincia.
Años más tarde, en 1542, participó junto a Cristóbal Vaca de Castro en la batallas de Chupas contra los rebeldes comandados por Diego de Almagro "El Mozo".
Tras la batalla, había una gran cantidad de hombres sin oficio, por lo que Vaca de Castro decidió iniciar nuevas expediciones descubridoras.
El reino de Tucma, que pertenecía al Imperio Incaico antes de la llegada de los castellanos, era una extensa región desconocida para los españoles. Era una provincia rica entre Chile y río de la Plata. La expedición tenía un afán descubridor, por lo que nuestro protagonista sería el elegido gracias a la fama que le precedía, sabía rodearse de gente buena y tenía mucho cuidado en el trato con los indios.
La expedición se dividiría en tres grupos, partiendo el primero de ellos con el burgalés a la cabeza de sesenta hombres en mayo de 1543 desde Cuzco en busca de la “Ciudad de los Césares”, supuestamente muy al sur del territorio conocido. Los otros dos grupos partirían de forma escalonada con Felipe Gutiérrez y Nicolás de Heredia a los mandos. En total sumaban doscientos cincuenta hombres sin contar negros e indígenas. A destacar la presencia de tres mujeres en dicha expedición, Catalina de Enciso, compañera de Felipe Gutiérrez, Leonor de Guzmán, compañera de Hernando Carmona y María Lope que acompañaba a Bernardino de Balboa.
El capitán Rojas siguió por el camino real de Collasuyo, bordeando el lago Titicaca, hasta llegar por caminos desconocidos al poblado indígena de Chicoana. Rojas dejó un contingente de veinte hombres en dicho poblado, y continuó por el camino de inca por el valle de Lerma y el de Santa María, recorriendo caminos muy difíciles cruzando la cordillera de los Andes hasta llegar al llano llamado Tucma. El camino resultó muy duro. Pasaron hambre y frío mientras surcaban los picos helados de los Andes, y calor y sed en las llanuras. Se vieron atacados por bichos y animales venenosos. Muchos hombres y animales murieron en el camino.
Una vez en el llano, llegaron a un poblado indio llamado Tucumanhaho, al que llamaron Tucumán. Desde allí siguió hasta llegar a un pueblo llamado Capayán, en el valle de Catamarca, donde se toparon con el cacique Canamico con mil quinientos guerreros, que se negaba dejarle paso.
Se incorporó a la expedición el contingente de Felipe Gutiérrez y consiguieron abrirse paso y avanzar. A finales de noviembre de 1543, montaron un asentamiento en Salavina, en la región que hoy en día conforma Santiago del Estero. Desde este asentamiento harían reconocimientos periódicos. Santiago del Estero era tierra de juríes, indios flechadores, que fabricaban con mucho esmero arcos y flechas envenenadas.
El veneno que utilizaban, procedente de plantas, paralizaba al herido, empezando por la zona afectada y tras varios días, paralizaba el sistema respiratorio, muriendo de asfixia.
Los ataques de los indios fueron continuos y los ataques se repetían día tras día. En una de las batallas, el capitán Diego de Rojas fue herido en una pierna. Cuentan que tan sólo fue un rasguño, sin embargo, había sido una flecha envenenada. Empezó a encontrarse mal y se puso a los cuidados de Catalina de Enciso, a quien acusaron de haberle envenenado para que su pareja obtuviera el mando, sin embargo, era el veneno de la flecha la que estaba haciendo efecto.
Antes de morir, en enero de 1544, nombró como sucesor de la expedición a Francisco de Mendoza.



